Para entender un poco esta realidad, Roland Garros 2006 fue una clara muestra de que algo anda mal. El argentino David Nalbandian, Nº3 del mundo, llegó a ser el noveno jugador del torneo que tuvo que dejar una cancha por lesión, superando el record de siete que tenía la edición 2003 del cuadro masculino. Sumados los dos retiros del sector femenino totalizan 11, logrando la marca más alta en torneos de Grand Slam que era de 10, en el US Open 2002.
Sin embargo, las estadísticas de abandonos de la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) en la década del `90, muestran porcentajes anuales de un 2% con relación a la cantidad total de partidos jugados.
Evidentemente las causas que han provocado este fenómeno son multifactoriales. Por un lado el calendario esta demasiado cargado y el deportista no logra encontrar las fases de recuperación y descanso que le permiten evitar la acumulación de fatiga, de aquí la importancia en el equipo de trabajo en la planificación de las giras.
Tampoco se aprecian las fases de transición entre las distintas competencias, donde el tenista pasa de jugar durante cuatro horas un partido en polvo de ladrillo, y a los dos días cambia de superficie y lo hace en un torneo sobre pasto, con el agregado de tener que viajar de una ciudad a otra. Es prácticamente imposible que el organismo y en especial los diferentes grupos musculares, como por ejemplo los aductores en tierra, el tensor de facia lata y glúteos en hierba, o el psoas iliaco en cemento, resistan esta exigencia.
Es cierto que la estadística muestra que no hay una relación directa causa-efecto entre la cantidad total de partidos jugados en un año y el porcentaje de abandonos, pero sí habría que prestarle mayor atención a los cambios bruscos sin fases de transición y preparación adecuada de las distintas superficies.
A muchos les llamara la atención saber que la superficie más "riesgosa" es el polvo de ladrillo, con un 39% de jugadores lesionados, luego le siguen la cancha rápida un 33%, el rebound ace y la carpeta en un 10% y finalmente el césped un 8% (estadísticas publicadas por el Dr. Javier Maquirriain en la revista de la ATAD en el 2000).
Los partidos en tierra batida exigen un mayor desgaste porque para ganar un punto se pueden dar hasta 20 golpes, lo que alarga considerablemente la duración de los encuentros (cuatro o cinco horas), y un tenista puede llegar a perder hasta cuatro kilos en un partido tan prolongado como es el caso de los Grand Slam, que se pueden extender a cinco sets.
El polvo también obliga a patinar y deslizarse, lo que produce un mayor estrés y carga sobre la musculatura aductora. Si la misma no esta en óptimas condiciones con el resto de la cadena anterointerna de miembro inferior, en flexibilidad y en fuerza con el resto de los músculos antagonistas, sinergistas y sobre todo estabilizadores, aumentarán las chances de que se tornen dolorosos.
Las normas de la ATP tampoco contribuyen demasiado y no siempre están pensadas para proteger al jugador y sí para cuidar el espectáculo y la televisión. Es contradictorio que en los torneos Masters Series el tenista tenga 30 segundos para ejecutar el servicio, mientras que el los Grand Slam solo dispone de 20. Este tiempo resulta muy importante para lo que se denomina "restitución sincrónica", que son los procesos de recuperación paralelos al esfuerzo y que dependen de la capacidad del atleta para economizar su energía.
En Roland Garros, en un partido de octavos de final, el croata Mario Ancic acabó deshidratado frente al español Tomy Robredo y estuvo a punto de abandonar. Hubiese sido el jugador número 12 en retirarse del torneo. Quizás para muchos sea sólo un numerito más, aunque tal vez ya es hora de que quienes tienen la responsabilidad no miren para otro lado y piensen que detrás de los dos dígitos hay un tenista...una persona...un cuerpo. |